En su conferencia vibrante
y contenida a la vez, cuyo eco entre el público era evidente, el psiquiatra G.
Berrios habló del origen y evolución histórica de los conceptos usados en psicopatología
(el síntoma como eje central), de sus convergencias históricas y de sus
consecuencias clínicas. Exponente de la mejor tradición psiquiátrica, no ajena
al psicoanálisis, expuso una visión clara del reduccionismo conceptual que
supone el DSM y en general el de la práctica psiquiátrica actual.
La lectura, por azar, del artículo
titulado Una historia de libros y voces, publicado en Babelia (El País del pasado sábado) me
evoca las convergencias de las que habló el profesor Berrios: la cuestión de la
materialidad del lenguaje en el París de la segunda mitad del XX. El
articulista cita a tres autores, La poètique de l'espace (1957) de
G. Bachelard, El grano de la voz, entrevistas 1962-1980 (1981) de
R. Barthes y La carta robada, de Lacan.
Rastreando algunas páginas de los dos
primeros, es sugerente ver como juega Bachelard con la materialidad de la vocal
"a" a partir de la palabra "vaste" en la poética de
Baudelaire, suprema síntesi, según él, de lo que el ser humano vive como
inmensidad exterior e interior a la vez (“si fuera psiquiatra, a un
enfermo de angustia le aconsejaría leer el poema de Baudelaire”). Me parece
interesante pensarlo en relación a las estructuras clínicas.
"Lo que se pierde en la
transcripción es simplemente el cuerpo", así es como define R. Barthes una
entrevista (cabría oírlo, según parece en internet es posible). En el libro
citado, el autor desgrana sus variadas ideas, lecturas y comentarios, con un
tono profundo y claro, subversivo: el futuro de la literatura en el mundo
capitalista, la violencia, Gide: ¿Por qué le interesaba? Era protestante. Tocaba el piano. Hablaba
del deseo. Escribía. Los signos
del lenguaje no verbal (en cine, moda), y sobretodo los signos de la palabra en
la poesía, la literatura, la ópera. Lugares conocidos en nuestro campo: el
significante, la caligrafía japonesa, los efectos sonoros de la lengua: "el
grano (de la voz) sería la materialidad del cuerpo hablante, su lengua materna:
quizá la letra...". ¿De dónde viene, me pregunto este estilo tan
personal y ameno en sus exposiciones? ¿De una posición de “sujeto incierto”,
tal como él mismo se definia?
El significante vacío del cual habla el
autor del artículo mencionado en relación al texto de Lacan, se entiende si nos
detenemos en lo que queda de la carta-letra cuando llega a su destino, cuando ya no tiene
ninguna significación, pero sí un residuo que insiste, el real del goce. Por
este sesgo, cuyo recorrido traza la vía principal de su enseñanza, Lacan trasciende
podríamos decir las narrativas de su época, también clínicas, haciendo del goce
un concepto anudado al cuerpo a través de
lalengua.

