Me enamoré de
un nombre y compré el libro: Voyage à
Rodrigues, con letras rojas en la tapa (aunque yo leí “Voyage en Grèce”). Autor,
J.M.G. Le Clézio, premio Nobel de Literatura en 2008.
Fue en París,
en el año 1986. Al entrar en un librería del bd. Saint Michel con la intención
de comprar los Escritos de J. Lacan,
topé con el libro de color amarillo de Ediciones Gallimard. Se trata de un
viaje que realiza el autor a una isla perdida del Océano Índico, siguiendo las
huellas de la búsqueda que llevó a cabo su abuelo a principios del siglo XX.
¿Qué clase de
locura, a la busca del tesoro, arrastraba aquel hombre a quién su nieto ni tan
siquiera llegó a conocer? Esta es la via
en la cual nos introduce el libro. Con ella, la sensación de que algo valioso,
como creación del inconsciente, nos invade.
Para el autor
se trata de escudriñar la auténtica quimera del abuelo convertida por él en mito, posible de rastrear gracias al
hecho de haber puesto el viejo nombres, letras y números a los lugares por
donde pasaba, con el fin de que le hablasen, y de esta manera encontrar un
sentido cuando la pérdida de sentido de la propia identidad devino catástrofe.
¿Cuáles fueron
los efectos que esta búsqueda produjo en el abuelo? Más allá de lo fálico de la proeza, algo del
orden de un goce enigmático se juega en estas páginas. Vemos en primer lugar
que Le Clézio sigue lo que podríamos llamar el mensaje que dejó el abuelo, la
ruta significante que construyó, quizá para que su nieto pudiera seguir una
clave para el desciframiento y poder conocer así el límite al que llegó.
A medida que
el libro avanza nos adentramos en las rutas de la significación del viaje hasta
darnos cuenta de que el sentido va adelagazándose y aparece el enigma como tope
a la propia búsqueda. Como si el abuelo necesitara inscribirse en el Otro del
lenguaje para poder finalmente separarse, convertirse en letra, lugar de huella
del objeto perdido.
No sabemos qué
esconde el fondo del barranco del Anse
aux Anglais, una herida abierta en la roca de más de ocho metros de
hondura, donde confluyen las líneas maestras de todo aquello que constituye la
vida en el valle.
El libro se
convierte en pregunta: ¿cuál fue la causa que llevó al autor a rehacer las
huellas del abuelo hasta llegar al quiebro profundo que encierra la tierra?
Quizá en el eco de sus propias palabras esté la respuesta:
_lo que vine a
buscar, ¿tiene nombre?