Recuerdo y actualidad de Ernest Lluch*
Queridos colegas, os mando unas líneas en recuerdo de Ernest Lluch, un hombre profundamente humano.
Era un día de verano en la Universidad Catalana d’Estiu, en Prada de
Conflent, aún bajo el franquismo. El aula del liceo estaba llena a rebosar, a
pesar de la hora, cuatro de la tarde, y de que se trataba de una clase sobre
historia agraria.
El ambiente era bullicioso, distendido. El ponente hablaba de la
importancia que había tenido la tierra en el devenir económico de nuestro país.
De repente, la voz inconfundible de Ernest Lluch -sentado sobre una mesa, con
las piernas colgantes y las zapatillas de verano a medio pie- resuena a nuestro
lado: la tierra… como la mujer, para el
que la trabaje!!”. Cuánto nos reímos algunos… Y se quedó el recuerdo.
Extraña semana la que acabamos de vivir en Barcelona. Paradójica. Aparecen
cientos de e-mails y firmas. Tertulias, flashes… lágrimas. Casi un millón de
personas recorriendo el Paseo de Gracia, en un homenaje espontáneo a un hombre
que no creía demasiado en las manifestaciones multitudinarias. Surge también
una pregunta: por qué este impacto doloroso e hiriente que ha recorrido la
ciudad y sus confines? Desde la propia sacudida a la de sus amigos, de P.
Maragall a S. Carrillo, de M. Vázquez Montalbán a Fernando Savater –con quién
tanto había discrepado Lluch-. Profesores, estudiantes, periodistas, compañeros de partido y del Barça, gentes
varias le recuerdan con tristeza. Y empiezan a volar noticias sobre su
participación en distintos aconteceres ciudadanos… Y es que parece que todo el
mundo tiene su pequeña anécdota que contar.
Para mí, como para muchos otros, no sólo formaba parte del paisaje
cotidiano –como el que recuerdo de Maià
de Montcal, un pequeño pueblo entre l’Ampurdà
i la Garrotxa, donde ha sido enterrado
-sino también del humano. Un paisaje humano que incluía un pensamiento
siempre en marcha, presto a encarnarse en hechos que marcaban el pulso de
nuestro país. Cuenta un amigo suyo que la noche misma en que la candidatura a
la presidencia del Barça, en la que Lluc participaba, perdió las elecciones,
éste se puso a diseñar el papel que deberían jugar en el futuro. De este Barça
que él quería, no como “algo más que un club”, sino como una institución
catalana moderna, cuyo peso cultural en la sociedad civil va más allá de lo
deportivo y lo sentimental.
Creo que dos son las claves del inmenso cariño que despertaba entre la
gente: el poder de sus palabras –teorías, hipótesis, citas chocantes e
ingeniosas- para analizar la cosa pública: económica, cultural, social. Y el modo
de zambullirse en las complejidades de la historia actual, como en la de distintas
autonomías (Catalunya, País Vasco, Valencia, Aragón, Asturias) que él conocía
bien, y que se articulaba con su actividad incesante y comprometida para
incidir en la realidad, últimamente sobretodo en la del País Vasco. Una
realidad, ésta, obscura y muy peligrosa, ante la cual los esquematismos no
valen, sino diálogo abierto a varias bandas para que las distintas posiciones
democráticas puedan concluir en algo sólido –quizá a medio plazo- y ayudar así
a las conquistas civilizadoras.
Vuelvo a lo vivido esta semana. Hacía tiempo que los medios de
comunicación, de la gente en general no hablaba tanto de ideas. De las buenas.
De la necesidad de pensar e investigar, de buscar nuevas vías de progreso.
“¿Qué ha publicado durante los últimos veinte años”? _preguntava Lluch cuando
se hablaba de alguien que estaba en el candelero mediático.
Te echaremos de menos. Echaremos de menos a este “ilustrado” callejero, de
cara pícara y cabello desgarbado, de una dulzura amable, nada vulgar, como
repite públicamente otro de sus amigos. De trato fácil y pronto al encuentro,
su ironía seductora y particular entusiasmo eran las vías por las cuales su
pensamiento llegaba a los demás. Creo que son las mejores.
*este texto lo escribí poco después de la muerte de Ernest Lluc e iba dirigido a colegas psicoanalistas de la E.P.F.C.L (Escuela
de Psicoanálisis de los Foros del Campo Lacaniano)

